La sobriedad es asunto de adentro
El estar encarcelado los pasados 18 meses en el Departamento de Correccionales de Texas me ha dado la sobria oportunidad de ver, examinar y enfrentarme con alguno de mis defectos de carácter. Soy alcohólico. Con la ayuda del programa de A.A. y una renovada fe en mí Poder Superior, he experimentado algunos asombrosos resultados y cambios en mi vida. Esto requería que yo diera algunos pasos. Antes, el temor me había impedido que lo hiciera.
Durante la mayor parte de los últimos 28 años, bebía en exceso casi todos los días. Parecía ser una manera natural de vivir. La primera vez que fui arrestado, fue el día en que cumplí 43 años, por conducir bajo los efectos del alcohol. En aquel entonces, no fue sino un golpe de mala suerte. Dos meses escasos más tarde, fui arrestado por homicidio involuntario y por no pararme a prestar auxilio. Después, otro arresto por conducir bajo los efectos del alcohol, y aquí me encuentro hoy.
Llevé unos cuantos cortos períodos seco durante los dos años anteriores a mi llegada a la prisión. Estos tenían una relación directa con mi asistencia a las reuniones de A.A. Hoy no tengo resentimientos con nadie, ni nadie a quien echar la culpa. Era yo quien se metió donde hoy me encuentro.
Poco tiempo después de llegar a esta institución, me sometieron a una dura prueba para un alcohólico. De alguna manera, logré rehusar ese primer trago de "aguardiente casero" que me ofrecieron - aunque olla bien. Acordándome del consejo de un viejo amigo A.A., me las arreglé para que me dejara pasar sin un pase oficial, y así asistir a mí primera reunión aquí. Cuando se me pidió, me encontraba listo para hablar en mí primera reunión en prisión ante un grupo de gente desconocida. Esto contribuyó a abrir las líneas de comunicación. Además, me di cuenta de que de una acción positiva se desprenderían algunos buenos resultados. Había que superar el temor que crea tantos defectos de carácter poco deseables, y únicamente a mí me tocaba hacerlo.
Ser tímido, a causa del miedo, ha sido uno de mis peores defectos de carácter. Para la mayoría de los reclusos el reparto del correo es el punto culminante del día. Tenía el deseo de escribir cartas a un miembro de A.A., con quien pudiera comunicarme de una forma eficaz, pero también tenia sentimientos de vergüenza. En mi primera reunión de A.A. en prisión, recogí un ejemplar del folleto "Es Mejor que Estar Sentado en una Celda." En aquel entonces, me era imposible escribir a un A.A. residente del área donde vivía, todos me conocían. Conforme a una sugerencia del folleto mencionado, dirigí una carta a la G.S.O. (la Oficina de Servicios Generales de A.A.) pidiéndoles que me ayudaran a encontrar a alguien con quien intercambiar cartas.
Esta acción tuvo como resultado un nuevo método de comunicación para mí, no sólo dentro de A.A. sino en lo que se refería a otras áreas también. ¿Has tenido alguna vez un padrino, así nombrado por ti mismo, por correo? Este es un hombre de quien no tengo ni una foto; no lo he visto, ni he hablado con él nunca; no obstante, lo conozco. Las cartas constituyen otra reunión de A.A., y las reuniones en prisión son de una frecuencia y número reducidos. Para mí, las cartas son una forma muy particular de reunión, una reunión que se puede guardar archivada para una lectura e inspiración futuras, como un casete transcrito en papel. La ayuda que he recibido en forma de sugerencias basadas en la experiencia de A.A., del ánimo y la gratitud y de la sencilla y sincera camaradería, ha tenido un efecto dramático en mi vida. Lo he experimentado en formas demasiado numerosas como para ser mencionadas todas; pero estaré para siempre agradecido a mi Poder Superior y a A.A. en su totalidad.
El escribir es una forma muy eficaz de expresar mis pensamientos, ideas y las frustraciones que se originan en el ambiente negativo en el cual vive la mayoría de los presos. Todavía me queda una porción de antiguo temor, pero voy trabajando para eliminarla. Hoy tengo suficiente confianza como para tratar de escribir - así que, si no lo has probado, no lo critiques.
Entre mis otros muchos defectos de carácter, en segundo lugar estaba probablemente mi negativa a pedir ayuda (en primer lugar estaba el miedo). El ego engreído, junto con el temor, me deparaba una buena - y falsa - razón, o sea, un pretexto para emborracharme muchas veces. Poco después de llegar a la prisión, llegué a darme cuenta de que había algunas cosas que tendría que pedir, sin tomar alcohol, para hacer razonablemente cómoda la vida aquí. El ego inflado me había hecho querer ser independiente en todo. El desinflamiento del ego resultó ser un arduo trabajo. La humildad significaba la vergüenza y la degradación. Con la ayuda de A.A., y mucha meditación, empecé a darme cuenta de lo trastornado que había llegado a estar mentalmente. Me fue difícil tragarlo, pero gracias a este programa, lo acepté. Conocer la humildad hoy es un regalo apreciado y no tiene nada que ver con mi concepto original de lo que era.
Después de unos cuantos meses en prisión, todavía tenía a menudo una actitud bastante mala en cuanto a la gente, las cosas, los lugares y las ideas. Esto lo ocultaba lo mejor que podía. El programa de A.A. iba influyendo en muchos aspectos de mí vida - ¡Qué revelación! Ahora se me requería dar otro paso, porque me daba cuenta cada vez más de otro defecto de carácter después de esos primeros meses de sobriedad.
Nuestro grupo carcelario tiene la suerte de poder contar con algunos asiduos oradores del "mundo libre." Uno de estos hombres hizo un comentario que quedó grabado en mi mente. Dijo: "A.A. es más que un par de siglas que representan Alcohólicos Anónimos. Representan también la Abstinencia Absoluta y el Ajuste de la Actitud. El alcohólico tiene que pasar por un ajuste de su actitud." Esto me dejó verdaderamente impresionado. El arte olvidado de escuchar y oír reapareció y nuevamente pude entender las cosas. Con un esfuerzo por mi parte, he logrado experimentar muchos cambios de actitud, y todos en beneficio mío. Por esto también me siento agradecido a mi Poder Superior y a A.A.
No es nada fácil vivir la vida carcelaria. Lo fácil sería enfocarse en los aspectos negativos de un ambiente muy negativo. Hoy tengo una alternativa o, mejor dicho, multitud de alternativas. Ya no llevo una vida de temor, lástima de mí mismo, desesperación, soledad y odio. El día de hoy puede ser malo o hermoso; me toca a mí decidir. Ir a clases o al trabajo, estudiar o dormir, hablar o callarme - estas son algunas de las opciones que tengo hoy. El alcohol me había quitado la libre elección y otras muchas cosas, mucho antes de que yo llegara a la prisión. El alcohol mismo había extinguido mi conciencia de que era la bebida lo que me tenía encarcelado.
No he llegado a ser "institucionalizado," y me es grato pensar en mi liberación. Estaba loco y lo admití sin reservas al dar el Segundo Paso. Puede que lo siguiente les asombre a algunos, pero estoy plenamente convencido de que esta estancia en la prisión es para mí una bendición. Es penoso tocar fondo, pero tengo la sobria oportunidad de ir adelante por el buen camino; podría haber sido peor. Estaré eternamente agradecido a Dios, al programa y a los miembros de A.A. por lo que tan liberal y generosamente se me ha dado. Gracias.
L.P., Huntsville, Texas